En un par de días, sera mi cumpleaños, y no se si me siento feliz o justo lo contrario de que llegue ese día. Todo el mundo se me acerca alegre y con una sonrisa, preguntándome que quiero para mi cumpleaños, yo simplemente les digo que con su compañía soy feliz, y aunque pueda parecer todo lo contrario me vale. No me considero alguien muy material, cuando veo ropa me gusta, no voy a decir negar algo evidente, me gustaría comprarla e ir a clase con ella para sentirme una más del monto. También cuando veo un móvil incluso maquillaje. Pero no es algo que realmente necesite, para nada. Cuando vuelvo a casa, simplemente se me va de la mente y pienso en otras cosas que para mi gusto son más importantes. No necesito ir a comprar ropa para sentirme feliz, para mi solo es algo secundario. Lo mismo ocurren en mis cumpleaños, cuando me preguntan que quiero, simplemente les respondo que nada en particular, así que, como siempre, acaban dándome dinero. Todo lo que reúno, va a mi fondo para libros y cómics, llamadme rara, pero me siento más feliz en una librería que en una fiesta plagada de gente, adolescentes que tienen hormonas hasta las cejas, solo pensando en sus deseos carnales.
El otro día, mi tío me dijo que si le acompañaba a llevar el coche al taller. Acepte encantada, una escapada es una escapada. Tras dejar el coche, fuimos al centro de la ciudad, donde tomamos una crep calentita, incluso nos sacamos una foto para Face Book, ahí empece a sospechar algo raro, cuando le envió la foto a mi madre. Una bombilla se encendió en mi mente ¿y si me estaban preparando una fiesta sorpresa? la ilusión me comía por dentro y no paraba de sonreír. Después del helado, fuimos a varias librerías en busca de un libro que mi hermana necesitaba. Tenía un nudo en el estomago y cada vez me sentía más contenta. Por muy antisocial que me considere, me gustan las sorpresas. Luego volvimos de nuevo al coche, y parecía que en mi fiesta sorpresa iba bastante lenta. Mi tío paso por una gasolinera y limpio el coche. En aquel momento intente cambiar el chip. No debía ilusionarme con esperanzas vanas, intente auto convencerme de que no había ninguna fiesta sorpresa, pero seguía teniendo el gusanillo de la esperanza. Cuando llegue a casa, tal y como había predicho mi lado más tétrico, allí no había ninguna fiesta ni nada similar. Simplemente estaba mi madre leyendo en el sofá. ¿Por qué siempre espero tanto de mi familia?
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IRON GIRL
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